domingo, 18 de mayo de 2014

El niño que escondes


         Querido amigo,
         A menudo me pregunto si has aprovechado tus días al máximo. Si has sacado el mayor partido posible de cada segundo. Si has vivido todo lo que podías vivir. Espero que así sea, porque temo comunicarte que tu tiempo como niño se acaba.
         No quieres dejar atrás ese momento, yo lo sé. No deseas dar ese paso que te alejará para siempre del mundo que hasta ahora era todo lo que conocías, un mundo que tú creías infinito y que no es más que un comienzo.
Pero has de hacerlo.
Sé lo mucho que te gustaría ser eterno en tu infancia, dormirte siempre con cuentos de hadas y piratas, buscar cobijo en la incuestionable seguridad de tu almohada, llorar sin miedo ante miles de desconocidos, cazar estrellas en busca de deseos, soñar en voz alta simplemente porque puedes. Sé que quieres seguir haciendo todo eso y mucho más… pero las horas pasan para todos, y el neumático que cuelga de la rama de un árbol en el jardín ya se ha caído.
 
Te he estado observando, y soy consciente de que te has dado cuenta de que todo está cambiando. Las medias verdades ahora son medias mentiras, y cuando llueve, incluso mentiras enteras. Las nubes grises ya no juegan al escondite con el sol, sino que anuncian tormentas de rayos y lágrimas. Las despedidas han dejado de ser prometedores “hasta luego” para convertirse en crudos “adiós”.
Y decir lo que piensas solo logra que cientos de miradas afiladas y acusadoras, como agujas y ojos negros de araña, se fijen en ti con impetuosa discriminación.
Cambiar nunca ha sido fácil. Y hacerse mayor lo cambia todo. Podría decirte que no debes preocuparte, que el pasado se olvida, que nunca querrás volver atrás. Que no buscarás entre tus sábanas retazos de cuentos de hadas y piratas. Que no abrazarás la almohada en busca de una ya dudosa protección. Que no cerrarás con fuerza los ojos para no dejar salir las lágrimas. Que no contarás estrellas apoyado en la ventana. Que no volverás a desear gritar lo que sueñas, bien alto y bien fuerte.
 
 
 
Podría decirte todo eso, pero no lo haré, porque sería propagar falacias vanas como quien lanza chispas rojas sobre la piedra húmeda.
En su lugar, solo puedo desearte suerte, pues te espera un duro camino que deberás andar tú solo, sin compañía ni ayuda ni guía alguna. Solo tu sombra caminará detrás de ti, en un silencio que no hablará de nada, pero que lo contará todo. Con esa forma, ese matiz y esa esencia que te ayudarán a recordar quién eres, quién has sido siempre. Quién nunca dejarás de ser.
Es el momento. Despídete de todos, ahora que aún puedes. Susúrrales a tus soldaditos de plomo lo valientes que fueron en cada batalla. Dedícale unas palabras a aquella bicicleta que con tan poco te llevaba tan lejos. Dale las gracias a tu viejo balón por aquellos goles que te hicieron saberte único en tantos partidos. Regálale un minuto al monstruo mudo que dormía bajo tu cama y te contaba historias cuando no había nadie cerca. Dile al sol que nunca olvidarás sus caricias en las tardes infinitas de verano en las que solo existías tú y el universo expandiéndose a tu alrededor.
 
Deja atrás todos tus lastres, pues en el viaje que te aguarda no precisarás de equipaje alguno. Despréndete de ellos… pero, pase lo que pase, no abandones tus sueños colgando de la almohada. No importa cuánto pesen, no renuncies a ellos, pues en tus ilusiones residirán los recuerdos del niño que vivía de sonrisas y juegos, de pureza y sencillez.
Llévatelos contigo, y no olvides aquellos días en los que tu risa quebraba el tibio palpitar de las estrellas, y tu esperanza rasgaba la densa oscuridad de todas las pesadillas, y tus dedos dibujaban espirales refulgentes de sigilosos suspiros, y tu inocencia pesaba sobre todos los temores de tu existencia.
Llévatelos contigo, y retenlos siempre en tu memoria.
De esta forma, aquel niño no perecerá, pues mientras sigas abrigando su recuerdo en tu pecho, vivirá eternamente bajo la coraza de miles de años transcurridos en silencio.
Como la reminiscencia de tu mayor quimera hecha realidad.

 

4 comentarios:

  1. Aaay MeriAnne casi me haces llorar, me has hecho echar tanto de menos esa yo niña (T-T) Precioso, hermoso, único, entendible, claro, poético. ¡Madre mía! De los mejores escritos que he leído en mi vida. Guapa tu si que vas para escritora.

    ¡Besoos!

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  2. ¡Hola MeriAnne!

    Quiero decirte que tu relato lo he nominado a la modalidad "Un asombroso relato" para el premio Maravillas en el país de las historias.
    Pasa por tu premi aquí: http://bouofbrodreamshistories.blogspot.com/2014/07/premio-maravillas-en-el-pais-de-las.html

    ¡Felicidades por tu grandioso relato y por el premio!
    PD: Te pido que lo des a conocer y que porfa me pases el link cuando hayas contestado las preguntas, me encantaría conocer que piensas sobre ello.

    ¡Besoos!

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    Respuestas
    1. ¡Hola de nuevo! Te respondo a los dos comentarios por aquí, ¿vale?

      Respecto al primero, tengo que reconocer que yo misma padezco algo similar al Síndrome de Peter Pan: no quiero crecer. Lo siento, pero me niego a abandonar la magia de la inocencia infantil. Y este relato es, en parte, algo que "nació" de dicho pensamiento. Me alegro muchísimo de que te haya llegado, es una sensación increíble ver que consigo provocar algo en mis lectores ^^ Hay que ver lo bien que me pones. ¡Vas a conseguir que me ponga como un tomate! Jajajaja.

      Y ahora, con respecto al segundo comentario... ¿EN SERIOOOO??? Estoy dando saltitos de la alegría y escribiendo en el ordenador al mismo tiempo. No sé qué va a salir de aquí, pero mi madre ha venido a mi cuarto a ver qué me pasaba debido al grito de emoción que se me ha escapado. Te podrá parecer una tontería, pero es la primera vez que me nominan a uno de estos premios. Estoy... ¡Merlín, estoy taquicárdica!

      Muchísimas gracias, en serio. Ahora mismísimo me pongo con las preguntas y demás ;D

      ¡Un besazo enorme!

      Meri

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  3. Me encanto este relato. Que empieza pesimista, ya me estaba preocupando. A veces uno se siente así con la vida. Defraudado, triste, decepcionado. Pero después solo pide valor, coraje. Yo creo que ser maduro no es renunciar a todo aquello que nos gusta, por muy infantil que sea. Eso es parte de lo que somos, de lo que nos llevo hasta ahi, si no que madurar es saber enfrentar la vida, pero sin renunciar a lo que somos. Bueno, ya leí algunas de tus historias, espero que sigas escribiendo y las musas te acompañen voy a seguir leyéndote de a poquito. Cuando quiera visitar mi blog, seras bienvenida. ABZ!

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